Vida y muerte de los personajes con los cuales convive Oscar no se convierten en tratado de filosofía, Grass, hace sentir estos aconteceres como cotidianos y de manera rápida nos presenta otra escena, no sin antes marcarnos por alguna característica particular, indice, para volver a recordar al personaje que ha salido de escena pero continua, latente.
El recuerdo es el leit motiv constante en la obra, El tambor se convierte en narrador de esos recuerdos y Oscar los protagonisa. Como si se excusara en su minoría de edad y en realidad no fuese el infante culpable de los hechos. Sino tan solo un niño, un niño que juega con su tambor.
El grito de ¡ a la carga¡ es dado por el tambor, luego las cabezas pueden rodar.
Arthur Schopenhauer, dijo alguna vez "La locura es la perdida de la memoria". Oscar, a destrozado más de 200 tambores en su vida para no caer en la locura.
Ahora, cierre los ojos querido lector y trate de recordar ese juguete que de alguna manera le brindo seguridad y protección en su infancia, ábralos: ¡ tatatán ¡ ahí esta el Tambor de Hojalata, si nunca tuvo uno, la lectura y compás del Tambor de hojalata le brindará múltiples placeres acordes a su capacidad de imaginar.
Tranquilo, tómese su tiempo, no hay prisa, va a conocer 33 años de vida de un niño, capaz de exorcizar los demonios de la infancia aunque para lograrlo tenga que enterrar a sus progenitores y su tambor de hojalata.
Tranquilo, no hay prisa, disfrute las imágenes creadas por Grass, prepare los ojos para ver el mundo desde ¡ 94 centímetros de estatura.¡ Agudice su oído porque ahí viene otra vez el redoble de tambor y la voz vitricida...
Título: El tambor de hojalata
Autor: Gunter Grass
Editorial: Nomos s.A, febrero 2005
Páginas: 596
Ah, casi lo olvido, esta obra fue llevada al cine y dirigida por Volker Schlöndorff. Ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes y del Óscar a la mejor película de habla no inglesa el año 1979.




















